No me falles
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Introducción

Una historia real e inquietante sobre los hechos acontecidos hace dos años. La cruda realidad hecha pedazos. Con tus comentarios y tus ideas puedes cambiar el curso de la historia. Todo lo que aquí se cuente y ocurra es cierto, tan solo depende de tí , de hasta dónde estés dispuesto a investigar, para saber lo que ocurrió realmente.

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La peor de todas tus pesadillas comienza cuando un error del pasado llega hasta el punto en que termina cuando tus amigos empiezan a morir.

M de "Muerte" - Capítulo 13

martes, 23 de noviembre de 2010

Identificar nuestras emociones, a veces es imprescindible; porque si no las percibimos, seremos prisioneros de ellas durante toda la vida. Aunque en algunas personas; como por ejemplo Celia, resulta muy complicado lograr detectarlas.

Me pasé horas llamando a Sofía para comprobar si había averiguado la identidad del director de Hypnos, pero fue imposible localizarla. En aquel momento tan sólo deseaba que no le hubiera ocurrido nada malo. Antes de acudir al museo de arte con César para verificar de quién era ese dichoso cuadro, pensé que lo más humano sería visitar a Celia, puesto que no le había visto tras su rescate en el hospital de Neón.

Al llamar a la puerta, me encontré con alguien que no esperaba ; Joaquín. Para mí, él era un amigo-adversario desde la infancia, ya que siempre aprovechaba la ocasión para ridiculizarme ante los demás y quedar por encima mía.

A Joaquín le irritaba que yo investigara la desaparición del niño, porque pensaba que eso dañaría aún más a su amiga. La última vez que nos vimos, me pidió perdón por su actitud; ahora sin embargo había regresado su comportamiento hostil.

- Joaquín: ¿Qué quieres? – Apareció serio y enfadado-

- Ricardo: Sólo he venido a visitar a Celia.

- Joaquín: ¿Para qué? ¿Para comprobar que esté bien? Celia estaría mejor si no la enturbiarais tú y los demás con vuestras acciones. Parece que no llegáis a entender que su estado es muy delicado para que encima andéis jugando a juegos de detectives. – Joaquín explotó –

- Ricardo: Gracias a esos “juegos de detectives”, como tú los llamas, mis padres murieron. – En un instante me revelé –

- Joaquín: ¿Y qué pasa? ¿ Acaso quieres seguir el mismo camino que ellos?


Aquello me enfureció. Joaquín supo que se había pasado de la raya; lo noté en sus ojos. Sosteniendo una mirada acusadora, empujé la puerta y fui directo al cuarto de Celia.

Al entrar en la casa, escuché sonar el grifo de la ducha, que me indicaba que su madre estaba en la vivienda y que había sido ella quien dejó entrar a Joaquín.

Joaquín me siguió los pasos en silencio. Al entrar en la habitación de Celia, me la encontré con una mirada perdida, como de costumbre. Seguramente Antonio Velázquez se había encargado de que su estado empeorase. Estaba sentada. Me agaché hasta llegar a su altura y le acaricié el pelo.

- Ricardo: Celia... – Susurré –

- Joaquín: Ricardo, por mucho que te empeñes en que hable, es prácticamente imposible que pueda curarse.

Celia reaccionó ante mi presencia. Sus pupilas se dilataron y empezó a temblar.

- Ricardo: ¡Celia!, Celia soy yo, Ricardo. ¿Puedes reconocerme?

Estaba tan emocionado que se me saltaron las lágrimas. No sabía por qué razón, Celia daba señales de estar despierta ante mi presencia.

- Celia: Todo fue culpa de Hypnos. Yo no fui. Yo no maté a mi hermano.

Hypnos... Me quedé paralizado. No sé cómo ni por qué, pero Celia conocía la existencia de esa organización, y además reconocía que era la culpable de la muerte de su hermano. ¡No! Quizás todo tiene más sentido de lo que parece, quizás todo estuviera relacionado. Si era cierto que Antonio Velázquez era la fuente que obligó, junto al director de Hypnos, a que Rodolfo y Gustavo hicieran su papel, todo tenía bastante lógica. ¿Jonathan está muerto? Me negaba a pensar esa idea; pero en el fondo admitía que la probabilidad era bastante alta de que así fuese.

Celia debió notar el terror en mi mirada, porque tras pronunciar esa frase, volvió a su estado original.

- Joaquín: Pobrecita, no sabe lo que dice...

Estuve a punto de contestar a Joaquín cuando la madre de Celia apareció.

- ¡Hombre Celia! , ha llegado otro de tus amiguitos.
Estaba irreconocible. Una mascarilla verde para la piel le embadurnaba la cara. Justo me iba a levantar para marcharme, cuando me quedé fijamente mirando a la cara de Esperanza. Al centrar mi atención, ella se puso nerviosa. Los pendientes que llevaba en la oreja eran idénticos al que encontré en el jardín durante el cumpleaños de Nacho.


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Anna se sentía destrozada. Debería estar contenta por haber logrado salvar a su amiga de aquel hombre tan enfermo, y de que la operación rescate hubiera tenido éxito; pero no; la autoestima de Anna durante toda su vida estaba pendiente de un hilo.

Por mucho que la gente le dijera lo guapa que era , o admirara su personalidad, ella siempre se veía mal a sí misma. Por eso Anna necesitaba el amor de los hombres, para completar esa parte de su personalidad que quedaba vacía: la vanidad.

Sentía que había traicionado a Ricardo cuando se enteró de su infidelidad con David, pero él había despertado sentimientos en ella, como ningún otro hombre antes lo había hecho.

Pasado el medio día, le dieron el alta a David en urgencias tras el altercado sufrido en el Hospital de Neón y Anna le acompañó hasta su casa, donde compartía piso con Nacho.

- David: Gracias por acompañarme Anna, ahora necesito descansar un poco.

- Anna: ¿Seguro que no prefieres quedarte conmigo?

- David: No Anna, estoy bien. – David seguía con la mirada perdida –

- Anna: Ya se lo que te ocurre... ¿Aún sigues dando vueltas a lo del año pasado no?

David se alteró y recuperó su atención.

- David: Calla Anna, no quiero hablar de ese tema. Ya se lo dije a Nacho el otro día. Confié en ti para contártelo porque estaba tremendamente preocupado, pero jamás se me va a olvidar si no paras de recordármelo.

- Anna: Vamos David, no puedes culparte por lo que sucedió. Fue un trabajo que aceptó Nacho y tú ibas con él en esa furgoneta.

- David: ¿!Pero es que no te das cuenta!? Llevamos a una persona en esa furgoneta sin saberlo, ¿No te das cuenta de que aquel individuo podría ser Jonathan Velázquez?

- Anna: Ni hablar. No digas tonterías; el hecho de que fuera de baja estatura no significa que fuera un niño; y ya te digo que por horario, es imposible que fuera él. Jonathan estaba con Celia en ese momento.

- David: ¿Y quién te dice a ti que Celia no dejara de hablar precisamente por lo que hicimos nosotros?¿Por qué vio como mataban a aquella personita?

Anna intentó calmar a David y le abrazó.

- Anna: Tranquilo David, no tienes nada que temer. Tú no eres una mala persona y yo siempre voy a estar a tu lado.

Entonces se arrimó a su boca y le besó , pillando a David por sorpresa. Aunque lamentablemente esos besos no eran correspondidos y David apartó su labios.

Anna: ¿Qué ocurre? Pensaba que te seguía gustando.

David: Lo siento Anna, pero estoy saliendo con otra persona.

Anna: ¿Otra? ¿Qué otra? – Anna estaba ofuscada por los celos –

David: Esperanza Velázquez – confesó –

Anna no daba crédito a lo que acababa de escuchar.

Anna: ¿Esperanza? Por dios, pero, ¿Qué has podido ver en esa vieja?

Aquel comentario hizo que se despertara el demonio que habitaba dentro de David. Empujó a Anna con todas sus fuerzas, y esta resbaló y tropezó justo con la mesa que tenía detrás de ella.

David: ¡No se te ocurra hablar así de Esperanza! ¡Porque una puta niñata como tú, no le llega ni a la punta de sus tacones!

Eso le dolió mucho a Anna. Jamás había visto a David en aquél estado; no le reconocía. Salió corriendo de su casa, mientras que las lágrimas se derramaban por sus mejillas.

Estaba claro. Francamente Anna tenía la autoestima muy baja, y la única persona que le hacía sentir especial le había defraudado. ¿Acaso pedía mucho? Un piropo de vez en cuando, o un halago. ¿Tan difícil era eso de conseguir? Parece que si, Anna tenía que soportar como todo el mundo se echaba elogios entre sí, sin que ninguno recayera sobre ella. Ahora, en este momento, se empezó a sentir vacía y sola, y empezó a comprender que el corazón no muere cuando deja de latir; sino cuando los latidos dejan de tener sentido.

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La encargada de mantener y salvaguardar la salud de Celia, era Esperanza Velázquez. Ella se dio cuenta de inmediato de que Ricardo había reparado en los pendientes que llevaba. Se daría cuenta tarde o temprano de que era aquella mujer quien espiaba detrás de los arbustos aquel día.

En esos momentos se distraía peinando a Celia en su habitación.

- Voy a prepararte la cena, cariño; te pongo tu película favorita para que la veas mientras tanto, ¿vale?

Debía ser una de las pocas casas que seguía utilizando reproductor de cintas de video. Escogió entre la fila de películas, “Los Goonies”, ya que era la preferida de Celia desde que era pequeñita. La extrajo de la carátula y la introdujo en el aparato.

PLAY. En la pantalla se podían apreciar las primeras imágenes de la película.

- Bueno Celia, enseguida estoy contigo

Lo que esa mujer no se podía imaginar , es que la cinta de video fuera a proyectar una película que no era apta para todos los públicos precisamente. A los pocos minutos de duración, cuando Esperanza se marchó de la habitación, el escenario se transformó en otro bien diferente; eran imágenes de Esperanza y David en pleno acto sexual. Obviamente era evidente que ni tanto uno como el otro eran conscientes de que estaban siendo grabados.

Su madre y su enamorado. La traición desde lo más intimo. Estas imágenes traspasaron la retina de Celia y llegaron hasta su cerebro produciendo un cambio notable en su estabilidad.

Ahora, de repente, recordaba con claridad todo lo que pasó aquel día, ahora sabía explicar a la perfección lo que le ocurrió a su hermano.

Ahora Celia estaba consciente y era el momento de contarlo todo.

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El museo de Arte de la Cabrera se ubicaba en un edificio histórico situado en el casco antiguo de la ciudad de Cádiz. Se compone por el palacio de la marquesa de Andalucía y su capilla anexa, construidas ambas en 1676.

El espacio habilitado en esa capilla anexa como museo, dejó aproximadamente 1500 metros cuadrados de superficie expositiva. Este es el lugar dedicado tradicionalmente a las exposiciones temporales contemporáneas , mientras que el resto de las plantas y huecos del museo albergan la colección permanente de obras barrocas.

En los últimos años, la especialización de las exposiciones temporales del museo en escultura e instalaciones se ha ido abriendo a nuevas formas artísticas —pintura, fotografía, obra gráfica—, por lo que varias veces al año se descuelga parte de la colección permanente para albergar estas muestras que no tienen cabida en el peculiar espacio que la capilla propone.

Según íbamos llegando al museo, fui contandole a César todo lo que había pasado en casa de Celia. Celia sabía de la existencia de Hypnos y lo culpaba de la muerte de su hermano. No solo eso, Esperanza Velázquez era la persona que había estado espiándole cuando hablaba con Ángel Salvador en el cumpleaños de Nacho. Perdió su pendiente mientras me escuchaba ¿ Pero por qué? Había muchos interrogantes que aún no comprendía.

- Ya hemos llegado. Ahora podremos saber quién pintó ese cuadro.
- Espero que todo esto se aclare pronto, César – contesté –

Pasamos por pasillos y salas interminables llenas de arte moderno, hasta que César me guió a la obra que buscábamos. Era una copia idéntica a la que me había mostrado aquel niño en la playa, pero con un tono rojizo. En ese instante pasó por nuestro lado uno de los guías del museo.

- ¿Os puedo ayudar en algo?

- Si , - le dije - . Quería saber quién es el autor de este cuadro, porque no reconozco su firma.

- ¡Claro! , cómo no. Es un cuadro muy especial, porque no es muy normal tener la obra de un político entre nuestras colecciones. Pero es que el Sr. Antonio Velázquez aparte de dedicarse a la política, es un extraordinario pintor. Es una pena que acabara en la cárcel, parecía un buen hombre. Además hay que entender por todo lo que ha pasado con la desaparición de su hijo.

Así que esa era la verdadera identidad del cuadro: Antonio Velázquez. César y yo nos quedamos perplejos por lo que acabábamos de descubrir. Fuera quien fuese ese niño, me había dejado un cuadro en la playa señalándo hacia Antonio Velázquez; pero entonces ¿por qué la frase que había escrito en el suelo de la playa decía “no te fíes de ella”?, no tenía ningún sentido. ¿Me estaría advirtiendo sobre su madre? Eso aún tenía menos sentido.

El guía al ver que no contestábamos, siguió hablando:

- Lo cierto es que es un cuadro bastante peculiar. No sólo por el hecho de que pintó uno similar, pero de un color azul; sino porque este cuadro además posee en su interior una lámpara que proyecta luz, de hecho ese señor tuvo especial interés en situar el cuadro justo aquí, y no entiendo por qué.

Mi primer instinto fue mirar por la ventana hacia la que estaba orientado el cuadro. Justo delante del cuadro se encontraba todo el paseo marítimo y las urbanizaciones de Albagranera. ¿Hacia dónde enfocaría esa luz?

- Disculpe señor. ¿Pero no lo podría encender para apreciarlo mejor? Estoy muy interesado en comprar el cuadro.

- Eso es imposible. El cuadro ya está vendido; de hecho su actual comprador tiene el mando que acciona esa luz.

Necesitaba saber a dónde dirigía esa luz. Podía ser fundamental en todo esto.

- ¿Sabe quien lo ha comprado? Me gustaría discutir con él y hacerle una contraoferta.

- No tengo la menor idea. Lo único que dejó es un teléfono fijo de contacto, si quiere se lo puedo facilitar para que lo hable con él.

- Estupendo, gracias.

Después de aquello, al salir del museo, César y yo marcamos ese número unas doce veces, pero nadie contestó. Entonces fue cuando me acordé que tenía un amigo policía: Nacho. Seguramente, él podría localizar el domicilio exacto al que correspondía aquel número de teléfono.

Tenía que hacerme con ese cuadro al precio que fuese. Puede que la vida de Jonathan Velázquez dependiera de ello. ¿Señalaría ese cuadro su paradero? ¿Pondría esa luz fin a todos nuestros problemas? Faltaba muy poco para descubrirlo.

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Puré de patatas y merluza con guisantes. La vida siempre parece tan sencilla que resulta curioso cómo hay ocasiones en las que se puede volver tan complicada. Esperanza Velázquez realmente era de las que pensaba que nadie lo pasaba tan mal como ella. Quería tener preparada la cena cuanto antes para que así Celia pudiera descansar. Ella se había dado cuenta inmediatamente, que Ricardo llegó mucho mas lejos de lo que se imaginaba. Era tan parecido a su padre...

Conforme sacó la merluza del horno y la acompañó con la guarnición, se dio la vuelta para colocar los platos en la barra americana situada a sus espaldas. Esos platos jamás llegaron a tocar la superficie. Se rompieron en mil pedazos cuando se estrellaron contra el suelo.

- Celia, hija mia...

Celia permanecía de pie justo detrás de la barra americana. ¡Se había levantado! ¡Estaba consciente! Ahora era el momento de la verdad; el momento de saberlo todo. Esperanza Velázquez ajena al desastre que acababa de provocar por el suelo, rodeó apresurada la barra para abrazar a su hija con todas sus fuerzas.

- ¡Celia, mi vida! ¡Te has despertado!

- Hola, mama

- Celia... ¿Qué es lo que te pasó? Tengo... tengo tantas preguntas que hacerte... Llevo un año desesperada buscando el paradero de tu hermano y sólo tú fuiste la única que lo vio con vida.

- Lo se, yo se dónde está Jonathan – Celia tenía una actitud muy fría, seguramente condicionada por el trance del que acababa de salir –
Esperanza por primera vez en su vida, palpaba la esperanza.

- ¿Dónde está ,Celia? ¿Dónde está tu hermano?

- Si quieres puedo llevarte con él, mama. Nada me haría más feliz en el mundo.
Esperanza estaba emocionada hasta el punto de saltársele las lágrimas.

- ¡Oh! ¡Claro que sí hija mía! Quiero encontrar a Jonathan más que nadie en esta vida.

Esperanza vio una sonrisa en la cara de Celia; pero cuando se dio cuenta de que no era una sonrisa de felicidad sino de venganza, sus esperanzas se desvanecieron en el acto, porque se dio cuenta de que ya era demasiado tarde. Celia había clavado justo debajo de sus costillas, el cuchillo de cocina que su madre utilizó para hacerle la cena.

- No hay nada que más te merezcas mama, que estar tan muerta como mi hermano.

Antes de morir, Esperanza mostraba la expresión del horror. Estaba totalmente equivocada. Aún no le había pasado lo peor, puesto que no hay nada más dramático que morir asesinada por tu propia hija. Celia, en cambio, al darse cuenta del tremendo error que acababa de cometer, soltó las manos del cuchillo dejando que el cuerpo sin vida de Esperanza se desplomara . Fue entonces cuando comenzó a llorar.

La muerte, puede dar contigo mucho antes de que te des cuenta. Puedes esperarla durante mucho tiempo, o puedes desearla con ansia para que termine de una vez por todas ese capítulo de tu vida que ya no puedes soportar.

Hay muertes de sentimiento que hacen que abras los ojos y te desengañes con un amor no correspondido; sin embargo la peor de todas ellas, sin duda, es la que viene provocada por la persona en las que más confías.

2 comentarios:

Abel dijo...

Oh dios mío!!! Pero en el fondo todos sabíamos que tenía que pasar esto. Esperanza era una grandísima zorra y tenía que morirse, por quitarle el novio a la hija. Que no se porque me da que con David habiendo traicionado a Celia y Sofía en peligro de muerte total, Ricardo y Celia pueden acabar juntitos los dos... y la verdad hacen buena pareja, casi tanto como Ricardo y Sofía. En fin, esto se pone interesante... Y pobre Celia, me da mucha pena que se haya derrumbado así al matar a la asquerosa de su madrastra, a la cual, por cierto, le tengo manía desde que aparece que se folla al chico que le gusta a su hija.

anapedraza dijo...

No sé que decirte, me repito como el ajo. Disfruto leyéndote, es más, me he metido en el personaje de Celia, y eso es por tu forma de escribir.

¿Quién hay detrás de ésta historia?, porque me cuesta creer que no haya publicado, o incluso que sea conocido.

¡Un abrazo!

Miguel

(http://anapedraza.blogspot.com/)

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