No me falles
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Introducción

Una historia real e inquietante sobre los hechos acontecidos hace dos años. La cruda realidad hecha pedazos. Con tus comentarios y tus ideas puedes cambiar el curso de la historia. Todo lo que aquí se cuente y ocurra es cierto, tan solo depende de tí , de hasta dónde estés dispuesto a investigar, para saber lo que ocurrió realmente.

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La peor de todas tus pesadillas comienza cuando un error del pasado llega hasta el punto en que termina cuando tus amigos empiezan a morir.

J de "Juramento" - Capítulo 10

lunes, 1 de noviembre de 2010

Se dice que un juramento; es una promesa o una declaración de hechos siempre y cuando se invoque o se mencione a alguien. Hay juramentos de todas clases, incluso aquellos en los cuales prometes ser un amigo fiel y al final no solo incumples tu palabra, sino que te conviertes en el peor enemigo que se puede tener.

Con este último juramento, era con el que más se identificaba EL. Tras un intento fallido por acabar con el sufrimiento de Celia, no tenía ni la más remota idea de qué hacer a continuación. Lo que sí imaginaba, es que si no hacía algo, al final todo lo que tanto trabajo había costado durante este año ocultar, se acabaría desmoronando.

Muy pronto tendría que actuar. Sabía que los amigos de Celia, estaban planeando un plan para rescatarla de aquel hospital psiquiátrico, pero EL no podía consentir que eso sucediera; ya que de ser así, todo el mundo correría un gran peligro con Celia fuera de su aislamiento.

Ahora mismo Celia, representaba un gran peligro para todos; incluso para si misma. Sobre todo para aquellos que más cerca estaban de ella. Con la llegada de ese chico: Ricardo, todo parecía complicarse mucho más. Un secreto que parecía haber sido enterrado para siempre, amenazaba con volver a resurgir de sus cenizas.

En estos momentos EL, se encontraba en paz y armonía en aquel lugar, que era el único sitio donde refugiarse y más aún en ese preciso momento. Pertenecer a ese grupo, le hacía sentirse bien consigo mismo, ya que fuera, todo se veía mucho más turbio. Le tranquilizaba el tacto de aquel traje que llevaba puesto y el aroma que se respiraba en aquel lugar; ya estaba todo a punto de comenzar.

La gente empezó a ocupar sus asientos , y el rabino inició la ceremonia. Se encontraba en la Iglesia San Juan de Letrán; en el sacrificio de sangre anual de “Los hijos de Caín”.

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Gustavo sentía que estaba apunto de llegar a la meta. El caso en el que había trabajado y que tanto le atormentó durante este año llegaba a su fin. Les contrató una fuente anónima, a él y a su socio Pastaso, para actuar frente a Alfonso Mairén, pero cuando empezaron a llegar las amenazas y las muertes, sabía que el asunto se les había escapado de las manos.

Ahora, Gustavo y su jefe, andaban detrás del misterio para hallar de una vez por todas el paradero del niño. Sofía se encargaría de ayudarles indirectamente, pero la investigación principal la llevaban ellos dos, ya que Sofía y su jefe no se conocían, puesto que cuando ella dejó la empresa aún la regentaba el anterior director.

Se encontraban no muy lejos de la Iglesia San Juan de Letrán. Quedaba muy poco para que comenzara el ritual, donde si todo encajaba, se haría el sacrificio de un niño que probablemente fuera Jonathan Velázquez.

No es que fuera muy fácil precisamente colarse dentro de la ceremonia, ya que únicamente los miembros de la hermandad podían tener acceso a aquel evento; pero afortunadamente para ellos contaban con una ventaja: Los miembros aquél día, ya irían todos vestidos con la misma indumentaria, formada por un traje negro de penitente, con un cinturón de cuerda color vino, y lo más importante de todo, una capucha acabada en punta de tal forma que lo único que quedara visible del rostro fueran los ojos.

De ese pequeño detalle , era del que se iban a aprovechar ellos dos. Dentro del coche , estaban terminándose de vestir con ese mismo “disfraz”, para mezclarse con “Los hijos de Caín” y pasar desapercibidos.

- Sofía: ¿Entonces Esperanza no sabía nada en cuanto a la relación de su marido con esa hermandad?

- Gustavo: nada, lo que sí va a conseguir es pruebas médicas que corroboran los malos tratos a los que se vio sometida después de la muerte de Jonathan.

- Sofía: Perfecto, así quizás podamos darle a ese enfermo mental lo que se merece.

- Gustavo: Hiciste muy buen trabajo, haciéndote su novia. Has sido muy valiente.

La cara de Sofía se entristeció.

- Sofía: Gustavo, yo realmente estuve enamora de Antonio. No me hice su novia para obtener información. La información la obtuve cuando a empecé a ver cosas oscuras en él, ya que cuando se iba acercando la fecha del aniversario en que su hijo murió, cambió radicalmente su forma de ser. Digamos que tanto tú, como yo, empezamos a investigar por separado, pero por razones muy distintas: yo por no saber que le estaba pasando a mi novio, y tú por el sentimiento de culpa.

- Gustavo: Jamás debería haber aceptado ese encargo. No sabes la carga psicológica que conlleva el arrastrar la muerte de los padres de Ricardo y de el Sr Pastaso.

Sofía acarició suavemente el pelo de Gustavo para tranquilizarle.

- Sofía: No es tu culpa, y lo sabes. Os tendieron una trampa y tú accediste a hacer ese trabajo únicamente por un arrebato de celos hacia Ricardo. No querías ni deseabas la muerte de sus padres.

- Gustavo: Ojalá pueda recompensar a Ricardo por el papel que me tocó hacer ese día. Por contribuir a que su padre investigara y que acabara muerto. Ojalá pudiera echar atrás el reloj para evitar que pudiera suceder.

- Sofía : - con una gran sonrisa en sus labios – Ahora tienes la oportunidad de recompensárselo. Estamos muy cerca de la verdad.


Y salieron del coche tras ponerse aquel gorro de capuchino, que dejaba escondidas sus verdaderas identidades.



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Todo cambio requiere un sacrificio; por eso nos atrevimos en aquel momento a burlar la seguridad de aquel Hospital, sin prever las consecuencias que muy pronto llegarían.

Nos equivocamos de pleno al tomar esa decisión, porque lo que pasaría después sería lo más terrible que podría suceder.
El Hospital psiquiátrico de Neón estaba situado en la localidad de San Lúcar de Barrameda, en la provincia de Cádiz. Lo que antiguamente era una zona de talleres, almacenes y viviendas antiguas, más tarde se acabaría convirtiendo en unas hectáreas de edificios modernos donde se encontraba aquel edificio inteligente.

El doctor Lazariaga fundó ese hospital; en él llevaba las unidades de mujeres, pero su dedicación más especial era a la electroencefalografía de todo el centro, que también practicaba en su consulta particular. Tenia una muy buena formación tanto neurológica como psiquiátrica habiendo publicado, que yo recuerde, unos interesantes trabajos sobre meningoencefalitis. Él solito levantó ese centro con su esfuerzo.

Se trataba de un edificio inmenso casi escurialense. Un enorme cuadrado de pasillos y tránsitos anchísimos y altísimos de techo. Ventanas solamente en lo alto de forma que el exterior no era visible. A la mitad de uno de los lados la entrada principal. A la derecha todas las unidades de hombres y a la izquierda las de mujeres. En el lado enfrentado con la entrada una gran capilla, separada a su vez por mamparas de madera de unos tres metros de alto en zona izquierda de hombres y derecha de mujeres, accediendo cada grupo por su lado de forma que no se mezclaban ni se veían los dos grupos. Una de las creencias del hospital de Neón, es que la presencia del otro sexo alteraba enormemente la agresividad de los pacientes; por eso se decidió que estuvieran separados.

El plan ya estaba montado. Entraría primero Anna delante nuestra, y a continuación David y yo, como si no la conociéramos de nada. Dos guardias de seguridad hacían frente en la recepción. Resultaba prácticamente imposible pasar las puertas mecánicas que daban acceso al hospital. Aunque tuvieras contacto con la recepcionista, tendrías que pasar por la barrera de esas dos personas, de tal forma que evitaban intrusos, y trapicheos entre los pacientes.

Anna vestía una ropa informal; con una falda corta, y unas medias sospechosamente agujereadas, de tal forma que denotaban una imagen que no mostraba mucha confianza. En cambio, el papel que nos tocaba interpretar a nosotros, era el de unos ejecutivos trajeados, con corbata y maletín incluidos.

Anna caminó pasos por delante provocando que el sensor de movimiento abriera las puertas de cristal. Los guardias al verla entrar, se pusieron alerta.

- Señorita, ¿Dónde va?

- Anna: - mostrándose un poco más desequilibrada de lo normal – Hola agentes, vengo a ver a mi tía, tengo una cosa muy importante que decirle.

- Si tiene la tarjeta magnética enséñela en recepción para entrar, por favor.

- Anna: no me la he traído, pero es mi tía y quiero hablar con ella.

- Lo siento, sin tarjeta usted no puede pasar

De golpe Anna, dando un respingo inesperado que pilló a los guardias por sorpresa, salió corriendo por el ala este , a través de uno de los pasillos que daba a las habitaciones del personal de limpieza y cuyo acceso no estaba restringido. Corrió sujetando en lo alto un cartel que sacó del bolso y cuyo escrito rezaba “Libertad para los enfermos. La cura no está aquí.”. Los guardias tardaron cinco segundos en asimilarlo, antes de correr con todas sus fuerzas tras ella para detenerla; pero gracias a su espontaneidad, Anna iba algunos metros por delante de ellos, ganándoles ventaja, y sobre todo dejándonos la vía de acceso libre para pasar el acceso privado sin levantar la más mínima sorpresa.

Cristina aprovechó el momento en que los policías nos daban la espalda persiguiendo a Anna tras el pasillo, para salirse de la recepción, (su puesto de trabajo), y reunirse con nosotros.

- Cristina: ¡Deprisa! ¡No hay tiempo que perder!

Pasó su tarjeta personal como empleada del hospital por la ranura de identificación de las puertas inteligentes y pudimos adentrarnos en el vestíbulo central; con la máxima discreción ya que en cualquier momento podría pasar por ahí el personal del edificio.

Nos condujo a los ascensores y pasó de nuevo su tarjeta identificativa para que el ascensor nos condujera a la planta donde se encontraba Celia.

En la puerta del ascensor, Cristina se despedía hasta muy pronto de nosotros:

- Cristina: subid a la planta número ocho, tirad por el pasillo de la izquierda en dirección a la unidad de mujeres, y permaneced en el baño de minusválidos que encontraréis a vuestra derecha. Tened cuidado de no encontraros con Antonio Velázquez; ya tendría que haber bajado a cenar al restaurante del hospital, y estará allí media hora, ya que hemos dado la orden de que durante esa media hora vamos a estar cambiando de ropa y aseando a Celia. En cinco minutos tiene que llegar mi compañera a darme el relevo; en cuanto llegue, pasaré a buscaros por el baño para entrar en la habitación y sacar de allí a Celia.

Lo que no sabíamos mientras ascendíamos a la planta octava; era que nos cruzamos con Antonio Velázquez, que bajaba al restaurante en ese preciso momento por el ascensor de al lado.

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Sofía y Gustavo estaban a punto de descubrir lo que se escondía detrás de la secta “los hijos de Caín”. Lograron infiltrarse con mucho sigilo, con aquel atuendo tenebroso, que dejaba oculta su identidad. Cuando se adentraron en la iglesia de San Juan de Letrán, el panorama era fantasmagórico. Más de cien personas, todas vestidas con aquel traje oscuro ocultando su cara, estaban arrodillados en los palcos de la iglesia, orientados hacia el punto central de la misma. Todos aguardaban en silencio y tan sólo se oían murmullos en la estancia. Daba realmente miedo ver una escena de ese calibre; tanto a Gustavo como a Sofía se les hacía tremendamente extraño presenciar aquel acto.

Fueron caminando junto a los últimos participantes que faltaban por colocarse, y se arrodillaron en dos huecos vacíos que había en la segunda fila. De fondo, se escuchaba una música de órgano, que era igual o más terrorífica que aquella escena.

San Juan de Letrán, estaba decorado con grandes ventanales, en los que estaban impresos motivos religiosos; aunque el más grande de ellos, el que resaltaba, era una escena de Caín matando a Abel, como lo cuenta el pasaje de la Biblia.

Sofía y Gustavo permanecían atentos a todos los movimientos, y a lo que estaba a punto de ocurrir...

La música cambió y se volvió más fuerte. El silencio entre los asistentes era sepulcral. De un lateral del punto principal, (que parecía el escenario de aquel lugar), apareció una mujer vestida de blanco y con cofia. Lo único que mostraba eran sus ojos, pero no con dos agujeros como nuestro disfraz, sino con un cuadrado que dejaba entrever su entrecejo también. Se situó en el escenario, delante de los asistentes , se arrodilló en el suelo y cogió un bol grande de metal que estaba situado en el suelo desde que llegaron.

- Gustavo: ¿ Qué esta haciendo?

- Sofía: no lo se, pero cállate o nos descubrirán

Ellos no lo sabían; pero el sacrificio de sangre que estaban a punto de presenciar, se llamaba EBOY EYE, ofrenda de fuerza vital, y es algo que no es Satánico, ni nada que se le parezca, es algo que si estudias a fondo, verás que aparece en la Biblia. Era y es parte de la Antigua Tecnología Espiritual para ayudar en los casos que lo ameritan, pero los hebreos lo tomaron de las más antiguas tradiciones, como la Tradición Yoruba, que viene de 20,000 años atrás, cuando fue establecida por el Patriarca Baba Odúdùwá, aunque sus vestigios vienen de hace 50,000 años atrás.

Si vas a la Biblia, Levítico, allí encontraras las reglas de los Sacrificios que hacían antiguamente los Hebreos en el Templo. Esto con la destrucción del Templo cesó, pues ya no preparaban sacerdotes ,para realizar esta parte del ritual. Por eso ahora no lo hacen abiertamente los Judíos, no hay Kohanim (Sacerdotes) ni Templo para realizarlos, pero todavía ciertos Kabalistas Judíos hacen ciertos Rituales de Sacrificio, como en el día del Perdón de los Pecados; que coincidía justo con aquel día, en Jerez de la Frontera. Los Hijos de Caín, seguramente sería una de las pocas, por no decir “la única” que hacía esos sacrificios todavía en el siglo XXI.

El rabino, un hombre de unos 80 años, de mediana estatura y una larga barba blanca, salió desde detrás de la mesa de la sala principal, en dirección a la mujer, puesto que ella le daba la espalda, y rezó una oración en un extraño idioma. La sorpresa de Gustavo y Sofía ocurrió cuando escucharon repetir esa oración a todos los demás. Para ellos era tremendamente difícil seguirlos, por la complejidad del idioma:

"Zeh chalifosi, zeh t'murosi, zeh kaporosi; zeh hatarn'gol yelech l'misoh, va'ani elech l'chaim tovim arukim v'shalom”

Para los que lo entendían, traducido al castellano quería decir: "Este es mi intercambio, este es mi sustituto, esta es mi expiación, esta vida ira a la muerte, y yo iré a tener una larga vida de Paz".

Esto significaba que daban esto, a cambio de las fuerzas superiores, para que lo devolvieran en energía de vida, salud, bienestar.

Todavía tiene mucha más profundidad, en ciertas partes cerca de Israel. Durante la Segunda Guerra Mundial, ciertos viejos rabinos Kabalistas Judíos de Irak e Israel, hicieron sus rituales Kabalistas con animales, para evitar la invasión y la muerte que podría ocurrir con la invasión Alemana dirigida por el Mariscal Rommel. Este ritual lo hicieron desde un avión sobrevolando el área de Israel y vertiendo la sangre de montones de pasajeros por la compuerta de un avión Bombardero de la Fuerza Aérea Inglesa, y los alemanes no pudieron invadir esa área de Israel, por lo tanto falló la invasión de Rommel. Ellos hicieron un círculo de sangre, para evitar que la muerte y el derramamiento de sangre llegaran a ese área; eso fue por aquel entonces.

En los tiempos de ahora, lo que Gustavo y Sofía se esperaban era mucho peor. Del techo, proveniente de la cúpula de la iglesia, descendió una plataforma de metal, ligeramente inclinada hacia delante, y sujeta por cadenas. Gustavo y Sofía se horrorizaron cuando vieron que en la plataforma, tumbado encima de ella, estaba atado el cuerpo de una persona, pero no de un adulto no; ¡De un niño!. El tamaño era suficiente para que cupiera encima de él un niño de siete años, y, según fue bajando la plataforma justo encima de la mujer que sujetaba aquel recipiente, lo evidente empezaba a resultar aún más claro: ¡Pretendían asesinar a aquel niño y que la sangre cayera en el envase de esa mujer!

Gustavo y Sofía estaban asustados y nerviosos; no sabían que hacer. Todos los asistentes rezaban sin parar esa oración una y otra vez . Todo aquello parecía fruto de sus peores pesadillas. Lo que no lograban distinguir es la cara del niño, puesto que la plataforma estaba perpendicularmente respecto a ellos y lo único que podían ver era su coronilla, con media melena y pelo castaño. No había forma de saber si se trataba de Jonathan Velázquez.

La plataforma paró justo encima de la mujer, (que permanecía sin inmutarse arrodillada en el suelo). El rabino bordeó la plataforma, que le quedaba justo a la altura de su pecho, y extrajo un cuchillo de su sotana, dirigiéndolo hacia el niño, y gritando sin parar esa electrizante oración.

Era momento de actuar. Gustavo salió de la tercera fila y corrió apresurado hacia el centro de la sala.

- Gustavo: ¡Quieto! ¡Suelte ese cuchillo!

Gustavo apuntaba con una pistola directamente al Rabino. El espectáculo que sucedió a continuación era dantesco. La gente empezó a chillar, como si estuviera aterrorizada. Parece que no se daban cuenta de que el verdadero horror era lo que ellos estaban a punto de provocar. El Rabino, ante la amenaza de Gustavo, subió el cuchillo al aire sin saber que hacer.

- Gustavo: Suéltelo muy lentamente y no les haré daño.

- Sofía: - que ya se había situado a su lado, se dirigía al resto de los invitados – ¡Sois todos unos asesinos!, ¿ Cómo podéis permitir hacer esto a un niño inocente?

El rabino dejó caer el cuchillo al suelo.

- Rabino: ¿Qué diablos estáis haciendo?, ¿Cómo os atrevéis a interrumpir en un acto tan conmemorativo y especial como este?.

- Gustavo: No me haga sentir culpable. Aquí el único que está cometiendo un delito es usted. Suelte al niño, y hágalo ya, si no quiere que salga nadie herido de aquí.

- Sofía: ¡Hágale caso, y sin más trucos de satánicos!

- Rabino: Muy bien...

El Rabino desató aquel cuerpo, y lo levantó en sus brazos con una fuerza asombrosa; aunque más asombro se llevaron Gustavo y Sofía, cuando vieron que lo que aquel anciano sujetaba, no era más que un muñeco de trapo, cuyo cuello estaba forrado con una bolsa de sangre animal. El instinto de Gustavo, fue bajar el arma de golpe.

- Rabino: Espero que estéis contentos. Habéis retrasado todo el acto de hoy por una estupidez. No se como podíais pensar que íbamos a matar a un niño. Eso hace siglos que se dejó de hacer. Nadie de los que están hoy aquí es partidario de ninguna muerte. Toda la sangre que hay aquí es de gallinas; de nada más.

Gustavo se quedó mudo. No podían creérselo. Todo lo que habían perseguido, no era más que un montaje. No había ningún tipo de sacrificio en “Los hijos de Caín”.

- Sofía: - cuya expresión oscilaba entre la decepción y vergüenza – lo siento. No queriamos...

- Rabino: ¡Fuera de aquí! ¡Ya habéis molestado bastante!

Mientras Gustavo y Sofía abandonaban la iglesia sin sus gorros de capuchino. Tenían que soportar los abucheos e insultos por parte de aquellas personas. EL en cambio se mantenía callado; había reconocido a la novia de Antonio Velázquez de inmediato. Algo no marchaba bien, y EL tenía que hacer algo antes de que pasara algo peor. No tardó ni dos segundos en escribir un mensaje al móvil del padre de Jonathan y Celia.

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Aguantamos escondidos en aquel baño de minusválidos durante diez minutos. Gracias a Dios, habíamos conseguido llegar sin ser vistos por Antonio Velázquez. Unos minutos más que aprovechados; ya que lo que descubrí en el baño era algo que no me esperaba.

- Ricardo: Bien, ahora a esperar. Habrá que hacerlo bien

- David: si, tu te encargarás de sacar a Celia por la salida de emergencia
que te indicará Cristina, mientras ella y yo recogemos todas sus pertenencias.

Sin darme cuenta mi cara mostraba cierta antipatía. No me hacía ninguna gracia permanecer con David en un espacio de 2 metros cuadrados. Precisamente con aquella persona en la que más desconfiaba.

- David: ¿Qué pasa?

- Ricardo: Nada, que no entiendo tu actitud David. No se qué coño pasa entre César y tu. No lo entiendo; si antes erais tan amigos que...

Obviamente ocultaba las verdaderas razones de esa desconfianza; ya que mi verdadero motivo es la foto que encontré entre los papeles de mi padre, en las que la cara de David aparecía tachada.

- David: Verás Ricardo, hay una cosa que no te he contado. Algo en que nos equivocamos...

- Ricardo: ¿A que te refieres? ¿Os equivocasteis quienes?

- David: Anna y yo. Ella y yo mantuvimos una relación mientras que estábais juntos. Desde que las cosas contigo empezaron a ir mal, hasta el año pasado cuando sucedió lo de Celia.

Mi cara quedó desencajada. Anna me había traicionado mientras estuvo conmigo. Posteriormente David me contó, que César descubrió esa traición y en ese periodo fue cuando iniciaron su enfado. Desde entonces la relación entre ambos se torció. Sin embargo César, no le había delatado. Supongo que consideró que ya tenía suficiente con lo de mis padres, como para encima cargar sobre mis espaldas eso también. Mi ceño se terminó frunciendo del todo. Me sentía decepcionado, tanto por mi amigo David, como por Anna. Al ver que yo no decía nada, el reaccionó:

- David: Fue algo inevitable Ricardo. Lo siento mucho, pero prefería decírtelo antes de que hicieras más preguntas. Te juro que no lo hicimos a mala fe, y que no pensaba que fuera a molestarte tanto.

- Ricardo: Cuando esto acabe David, no quiero saber nada más de vosotros dos..

Mi tono en esa simple frase había aumentado de volumen apenas sin darme cuenta. En esos momentos llegó Cristina.

- Cristina: Vamos, tenemos el tiempo justo para sacar a Celia. Ya está todo preparado.

Salimos el baño y nos dirigimos al fondo del pasillo seguidos por Cristina. A la derecha se encontraba la habitación 204; donde se encontraba Celia. Pasó la tarjeta por la ranura identificadora y entramos en su interior...

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Gustavo y Sofía habían metido la pata hasta el fondo. Fueron siguiendo la pista que dejó aquella misteriosa fuente en boca de Rodolfo Pastaso, y les condujo a un callejón sin salida. Después de 20 minutos desde lo que ocurrió, en una calle pequeña de Jerez de la Frontera a la salida de San Juan de Letrán, fue donde permanecían tras haber salido expulsados de aquel acontecimiento. Había empezado a llover a golpe y porrazo, y seguramente, además de haber arruinado la procesión, se cancelaría por la lluvia.

- Sofía: no puedo creérmelo, parecía tan evidente...

- Gustavo: Era un acto simbólico. No pretendían matar a nadie. Ahora lo entiendo todo; fue un montaje. Seguro que ni siquiera está el nombre de Antonio Velázquez entre los miembros de Los Hijos de Caín. No se como hemos podido ser tan tontos.

- Sofía: Todo era un señuelo para conseguir distraernos. Seguro que el papel de Rodolfo Pastaso era contar una mentira para llevar a Alfonso Mairén por otro sitio. ¿ Pero por qué?

- Gustavo: Creo que es muy simple, Sofía. La fuente que nos contrató es la responsable de la muerte de Rodolfo y de los padres de Ricardo; estoy seguro de que ha sido el mismo Antonio Velázquez quién está detrás de todo esto. Es algo con lo que mi jefe y yo ya habíamos contado

- Sofía: ¿ Tu jefe ?, ¿te refieres a tu jefe actual de Hypnos?. ¿Por qué coño no me has contado que había alguien más en todo esto?

- Gustavo: El prefirió actuar por detrás, desde el anonimato. Debíamos descubrir lo que estaba pasando. Es algo que a él le afectaba muy a nivel personal. Es algo que no te he contado todavía; pero tu a él le conoces.

- Sofía: ¿Qué le conozco? ¿Quién diablos es?

En esos momentos no pudieron seguir la conversación. La lluvia había empezado a caer con una fuerza sublime. Toda la multitud de Los Hijos de Caín habían entrado en la calle a toda prisa huyendo de la lluvia. Sofía ya no veía a Gustavo. Solo veía cuerpos de penitentes sin rostro, que parecían mirarla fijamente mientras les esquivaban en mitad de esa pequeña calle. Sentía una gran vergüenza , mezclada con un terrible terror. Era una angustia ver a esos capuchinos negros cruzándose a toda velocidad con ella. Parecía que fueran a atacarla. De repente Sofía se quedó helada. Una de esas sombras parecía acercarse a Sofía mucho más que las demás, juzgándola con sus diminutos y oscuros ojos. En ese último instante, Sofía sintió un escalofrío...

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Parecía que esa iba a ser una cena muy tranquila. Unas velitas, un elegante mantel, una suculenta cena y una tranquilidad relajante. A Antonio Velázquez no le gustaban los típicos restaurantes donde el bullicio era insoportable. Prefería sitios más tranquilos, y no había nada más calmado que el restaurante de un hospital privado. Desgraciadamente para Antonio Velázquez, la calma se terminó cuando escuchó el sonido de su móvil. Pensaba que se trataba de Sofía, contestando su mensaje de vuelta; pero cuando descubrió que no conocía el remitente, se empezó a poner nervioso:

“Esta noche está planificada una misión para sacar a Celia del Hospital”

Antonio Velázquez no tuvo tiempo de reaccionar disimuladamente. Cuando el camarero estaba sirviéndole una copa de rioja, se levantó de golpe empujando al empleado y salió apresuradamente del restaurante, ante la alarmante mirada de los comensales.

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La mirada de Celia continuaba perdida cuando sus amigos entraron a la habitación. Su necesidad de hablar y contar todo era insufrible, pero la parálisis física y psíquica, que le había consumido gracias a los fármacos que le suministraba su padre y a la conmoción que le causo presenciar lo que vio aquel día; hacían que Celia no pudiera salir de su aislamiento. Ella vio entrar por la puerta a sus tres amigos Ricardo, David y Cristina. “Pobre Ricardo”, pensó; no se daba cuenta de dónde se estaba metiendo y de hasta que punto se vería perjudicado.

- Cristina: Bien chicos, voy a recoger las cosas que hay en la terraza de la habitación. Tú Ricardo, sacarás a Celia por la rampa de la salida de emergencia que hay al final del pasillo. David, tu recogerás todo lo que hay en su cuarto, ¿ok?

Pensé que no íbamos a tener tiempo suficiente. Me acerqué a Celia, la cogí en brazos y la coloqué en la silla de ruedas. Quité el freno de emergencia y empecé a empujar de la silla, dirigiéndole hacia la salida.

- David: Ven te ayudaré con eso.

David empezó a empujar la silla conmigo, ya que el suelo de aquel hospital no estaba apropiadamente preparado para salir corriendo con alguien en una silla de ruedas. Cristina estaba en la terraza recogiendo las cosas que el padre había dejado allí, era un albornoz y algo de ropa que había colgado su padre para airearla y un albornoz. Lo que yo no sabía en ese momento, es que mientras estábamos saliendo de la habitación arrastrando a Celia; a Cristina mientras recogía las cosas se le había caído la tarjeta de seguridad justo debajo del balcón, en un peldaño que servía como salida de escape en caso de inundación. Cristina desesperada, había saltado la valla del balcón, para poder llegar al peldaño donde había quedado depositada la tarjeta. Procuró no mirar abajo, ya que si daba un paso en falso, tenía ocho pisos bajo si misma, para caer y no terminar de muy buena manera.

Cuando estábamos ya en el pasillo con Celia, escuchamos abrirse la puerta del ascensor en esa planta y nos quedamos de piedra cuando vimos salir de él a Antonio Velázquez, con su cara desencajada por la furia y corriendo directamente hacia nosotros.

- Antonio Velázquez: ¡Hijos de puta! ¡Dejad a mi hija!

- David: ¡Corre Ricardo! ¡ Ve a la salida de emergencia y sácala de aquí! ¡Yo lo detendré! ¡Deprisa!

Me quedé sin palabras y mi única reacción fue la apropiada. Empujé de Celia con todas mis fuerzas desapareciendo y dejando atrás la habitación. Mi tranquilidad vino más tarde cuando me dí cuenta de que ya no corría peligro.

Antonio Velázquez estaba fuera de si, nada más llegar pegó un puñetazo a David en la cara. Él supo reaccionar y se metió a toda prisa dentro de la habitación.

- Antonio: Tendrías que ser tú quien estaba detrás de todo esto. ¡Voy a matarte maldito hijo de puta!

Antonio entró en la habitación siguiendo a David, que se encontraba aterrorizado. Al entrar, dio un portazo a la puerta del balcón, lo que provocó que Cristina se resbalara justo cuando iba a coger la tarjeta de seguridad. Cristina había perdido totalmente el equilibrio sobre aquella inestable plataforma y ahora únicamente se encontraba sujeta a uno de los barrotes de la valla, con ocho pisos de altura esperándole bajo sus pies. Antonio Velázquez parecía poseído por el mismísimo diablo, empujó a David y este cayó al suelo, empezó a apretar su cuello con una presión que parecía la mismísima bestia del infierno. Desafortunadamente para David, Antonio Velázquez únicamente dejó de apretar su cuello cuando él dejó de respirar.

¡ALTO! ¡POLICIA!

Cristina no podía aguantar sujeta con su mano por más tiempo en aquél barrote. Sabía que estaba a punto de morir si no conseguía hacer algo. Fue justamente en el momento que iba a soltar su mano precipitándose al vacío, cuando escuchó aquellos disparos.

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Sofía estaba aterrorizada; había sentido tan cerca la respiración de los Hijos de Caín que se quedó petrificada. Vio alejarse por aquella calle estrecha a todas esas terroríficas sombras y al volver la mirada hacia delante, vio a unos pasos más arriba, a Gustavo de pie.

- Sofía: Vaya miedo, ¿eh? , anda vayámonos de aquí, que por hoy hemos tenido suficiente.

Gustavo ni tan siquiera se movió. Continuaba de pie , dando la espalda a Sofía, como si fuera un mimo de calle.

- Sofía: Gustavo... ¿A qué estás esperando?

Todo pasó muy rápido. Gustavo se desplomó en el suelo y Sofía se acercó desesperada hacia él , cuando descubrió que tenía una herida de arma de fuego en el pecho. Sofía lloraba desconsoladamente arrodillada en medio de la calle, cubierta de sangre y con el cuerpo de Gustavo desangrándose. La ambulancia tardó algún tiempo en venir.


Hay muchas clases de juramentos. Algunos de origen político, otros de origen religioso, y otros de tipo sentimental. Hay juramentos que podemos llegar a cumplir, y otros que nos tocará esperar hasta la eternidad para verlos satisfechos. Gustavo se había jurado así mismo llegar hasta el fondo de la cuestión para descubrir por qué habían matado a su compañero Rodolfo Pastaso. Lo que no se esperaba, es que su cuerpo no fuera a llegar con vida al hospital, ya que su tiempo se le había acabado.

2 comentarios:

anapedraza dijo...

¡OSTRÁS!

¡MUY BIEN!

Te sigo.

Miguel

(http://anapedraza.blogspot.com/)

lisebe dijo...

Gracias por invitarme a leer esta historia, tendré que empezar desde el principio...uff que de capitulos ya!!! voy atrasada.

De todas maneras, te escucharé esta tarde en Luz de Gas Radioblog, parece super interesante...

Gracias y hasta esta tarde..

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